Bautizados como Niños Indigo, éstos muchachos tienen la capacidad de ver más allá de los espectros de la luz, escuchar todo tipo de sonidos, incluso su propio fluido sanguíneo, y denotan una destacatada hipersensibilidad táctil. Los niños índigo, como su nombre lo sugiere, no son niños azules, si no que se les denomina así porque su aura, o campo energético, tiende a reflejarse dentro de los colores añiles, azules, manifestando la utilización de centros energéticos superiores.
La cualidad aurica de un índigo le sitúa por su sola presencia, a ser un catalizador, un sanador nato, es decir, su configuración energética drena, equilibra, eleva y potencia todas las cualidades positivas y expansivas de todas las personas con las que el Índigo se relaciona.
Y eso, él o ella, de alguna manera lo sabe. Y lo sabe porque lo siente. Y no alardea de ello porque su sentido de humildad va a la par con su natural coherencia y sentido de liderazgo de una manera muy natural.
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